La costumbre tiene una forma muy sutil de instalarse en la vida. Un día descubres que llevas años mirando el mismo paisaje sin preguntarte si existe otra manera de observarlo.
Abrir una ventana parece un gesto pequeño, pero simboliza algo mucho más profundo. Es permitir que entre una idea nueva, una conversación distinta, una posibilidad que antes no habías considerado. También es aceptar que la luz no siempre llega desde la dirección que esperabas.
Tal vez las ventanas que olvidaste abrir no están hechas de madera y cristal. Quizá viven en un sueño que pospusiste, en un viaje que siempre imaginaste, en una decisión que has evitado por miedo o en una versión más libre de ti misma que todavía espera permiso para salir.
No necesitas abrir todas al mismo tiempo. Basta una. Una sola ventana puede cambiar la forma en que entra la luz a toda una habitación.
"¿Qué posibilidad está esperando que tengas el valor de abrirle la ventana? "
TGV




